A ti me dirijo, estudiante de cualquier lugar o rama curricular de la enseñanza española, y a vosotros, mis queridos alumnos de Bachillerato.
Bien sabéis que vuestro paso por la Escuela, el Instituto, la Universidad tiene un objetivo material inmediato, palpable: la adquisición de una cualificación laboral. Pero también busca un objetivo más elevado, que no aporta un rendimiento material tangible, pero que os hará más y mejores personas, más libres, más tolerantes, más participativos, activos, creativos, constructivos y cívicos: vuestra formación cultural.
Para conseguir ambos fines no bastará con que acreditéis que habéis pasado por la “escuela”, también tendréis que demostrar que la “escuela” ha pasado por vosotros. Lo primero podréis hacerlo mostrando vuestros títulos; lo segundo podréis ponerlo de manifiesto en una sencilla conversación con los amigos después del cine, con vuestra pareja dando un paseo por una ciudad monumental, con vuestra familia, en una breve intervención en clase, alguna pregunta inteligente, cuando podáis votar como ciudadanos de pleno derecho…
Los profesores no podemos enseñaros todo cuanto deberíais saber, ni todo cuanto quisiéramos que aprendierais. Ya sabéis: la falta de tiempo, las interferencias en la comunicación en el aula, amén de otros obstáculos de similares consecuencias. Es vuestro esfuerzo personal, vuestra inquietud por saber, lo que al fin y al cabo os aportará ese cimiento cultural; de nosotros depende conducir con sabiduría, talento y entusiasmo vuestro camino hacia el conocimiento.
En este sentido, siempre he creído firmemente en lo formativo y humanizador de la lectura, y, en especial, de la lectura de los clásicos. Guiada por la certeza de que la cultura de peso se adquiere con experiencias personales tan enriquecedoras como la lectura, mis alumnos de Bachillerato de este curso han leído una selección de obras clásicas que han servido para iniciarlos en la lectura de los géneros literarios tradicionales, que, como bien se sabe, fueron creación grecolatina.
Así, con Los diálogos de los dioses de Luciano de Samósata han aprendido a mirar a los famosos dioses olímpicos con los ojos críticos del griego del s. II d. C.. Con Mercator, Antígona, Las Avispas y Prometeo encadenado hemos hecho una magnífica cata del género dramático de la mano de los maestros del arte escénico: Plauto, Sófocles, Aristófanes y Esquilo. Además, para fomentar en mis alumnos mi inmenso amor por este género literario, el teatro, he organizado salidas para ver representadas estas obras, comprobando así cómo eran las comedias de enredo plautinas; cómo las críticas socio-políticas, cargadas de comididad, de Aristófanes; cómo la creación del héroe o heroína arquetípicos de la tragedia sofóclea, y, finalmente, cuál era la opinión, tan profundamente desgarradora, sobre la condición trágica de la vida humana, a través del mito promete¡co, del oscuro Esquilo. Por otro lado, con las cuatro representaciones han aprendido a apreciar la calidad de un montaje escénico, a reconocer dónde hay un actor con una buena formación y una buena dirección, y, por supuesto, la diferencia entre la representación de tragedia y comedia.
Con todo cuanto han leído, pero, de manera especial con el teatro han comprendido la definición que no me canso de repetir acerca de los clásicos: la principal seña de identidad de un clásico es su carácter atemporal, más importante aún que el hecho de que sean modelos a imitar. Cuando un pensamiento y la expresión del mismo pueden ser entendidos, compartidos y disfrutados plenamente por personas de cualquier época, lugar o cultura, ahí encontramos al autor y la obra clásica.
Para captar más su atención hacia nuestra literatura y calar aún más en su motivación, he recurrido a la proyección de películas que, sin ser” maxiproducciones holyputienses” (o, quizá por esto), sirven de apoyo para comprender el drama gregoclatino y estudiar el género de la oratoria, al tiempo que imprimen en mi joven público un poco de cultura cinéfila de calidad. Me refiero a títulos como: Golfus de Roma, Poderosa Afrodita y Julio César.
Peo, aún me queda por citar las lecturas que han hecho de dos de los textos primigenios de la poesía épica europea: la Odisea y la Eneida. Los veinticuatro cantos de la obra homérica y los primeros libros de la epopeya virgiliana han abierto la puerta al conocimiento de los héroes más antiguos de la literatura griega y romana, esto es, Odiseo y Eneas. Por desgracia, no han podido apreciar la calidad de los textos originales, pero he procurado que hagan la lectura en la versión castellana de mayor calidad. Asunto éste en el que les insisto mucho a mis alumnos, cuando les explico que, a falta de poder leer a los clásicos en latín y griego, es fundamental hacerlo en una traducción publicada por un traductor de reconocido prestigio.
Pero, para que entendáis lo que estas últimas lecturas han podido aportar a mis alumnos, prefiero cederle la palabra a una de mis dos alumnas, Marta Rodríguez, de 2º de Bachillerato, quien, con el siguiente artículo (publicado también en la revista digital de nuestro IES “Alhadra”) ha intentado expresar de la manera más sentida y correcta posible la opinión que le merecen las primeras obras que ha leído de Homero y Virgilio. El artículo es tal y como sigue:
“APRENDIENDO DE LOS AUTORES CLÁSICOS”
Los alumnos de Latín y Griego de 2º de Bachillerato del IES “Alhadra” hemos leído dos obras del mundo clásico: Odisea y Eneida. Ambas tienen como personajes a héroes del mundo griego y romano, respectivamente.
Un héroe en su origen es el fruto de la unión entre un dios y una mujer, o una diosa y un hombre. Es cierto que los héroes de la mitología griega o romana son numerosísimos, pero entre ellos destaco a Odiseo, que sufre los avatares en su regreso a Ítaca desde Troya, y a Eneas, el troyano que, por mandato de los dioses, con la ayuda de su madre, sobrevive a la destrucción de Troya, y al que se le encomienda la misión de fundar una nueva Troya en el Lacio.
En la Ilíada, la Odisea y la Eneida conviven importantes personajes del mundo clásico: Paris, el que involuntariamente desencadenó un conflicto interminable; Aquiles, cuya cólera acarreó el inmovilismo; Odiseo, cuyo famoso caballo no sería su última estratagema; Penélope, que simboliza la fidelidad y la paciencia…

Encuentro de Odiseo y Penélope
La Odisea es una aventura que te enseña que hay que superar y resistir las pruebas que te hace pasar la vida. Cada uno tiene que dirigir su propia vida hacia donde quiera llevarla y es uno mismo quien toma las decisiones importantes.
La historia transmite valores como la lealtad, la fidelidad, la esperanza, la valentía, etc. Además es muy rica en información sobre el mundo clásico y de sus personajes. El personaje que más admiro es Penélope por su capacidad de permanecer fiel y porque para ella merecía la pena esperar todo lo que fuera el regreso de su marido, sin tener la certeza de que aún estuviera vivo, y, al final obtiene su recompensa. También destaca con luz propia Odiseo tanto por su astucia como por su valentía.
Recomiendo este libro de épica clásica a todo aquel que le guste el mundo griego, así como los libros de aventuras, pues este libro hace que sigas leyendo hasta el final debido a su acción trepidante y a que el argumento nunca se para. En cuanto a la dificultad de la lectura de la obra me parece que con una buena adaptación es muy sencillo leerla de forma que se entienda lo que va sucediendo en cada momento.
Mientras leía la Eneida he aprendido que el deber es más importante que los deseos de uno mismo. Eneas cumple su tarea y rechaza quedarse con Dido, con quien podría ser muy feliz, pero antes de su felicidad está la de su pueblo. Aporta una gran cantidad de información del mundo latino, de sus orígenes y de sus personajes mas destacados. Sin ella, probablemente, tendríamos muchas lagunas sobre la destrucción de Troya y la fundación del Lacio.

Dido y Eneas
La oposición entre las actitudes de Dido (la pasión) y la de Eneas con su equilibrado sentido del destino (la razón), terminó acercándome a quien sufre inocente, abandonada por el cumplimiento de la misión de Eneas. Por esto es el personaje que más me ha gustado, ya que se ha mostrado en todos sus estados (triste por la muerte de su esposo, enamorada de Eneas, dolida por ser abandonada…).
La recomiendo, también, a cualquier persona que le guste el mundo clásico. Es fácil de leer y muy entretenida, pero a veces, el lenguaje tan culto y bien cuidado me ha obligado a leerla varias veces para entenderla.
Mitos, religiones, ciencia… Son los tres sistemas que, en la historia de la humanidad, han pretendido explicar el mundo; conjugados con las artes en general –y con la literatura en particular-, los dos primeros ya han engendrado sus grandes textos fundacionales. Mientras aguardamos las sorpresas que puede depararnos la ciencia, tal vez sería conveniente volver a descubrir las enseñanzas de los escritores clásicos como Homero. Porque, como dice un proverbio “si no sabes exactamente adónde vas, mira de dónde vienes”.

1.En el 

































